De Messi aprendí que ni el mejor de la historia deja de darle gracias a Dios
Ocho balones de oro, un Mundial, más de 800 goles y todos los récords que te puedas imaginar. Messi ya no tiene nada que demostrarle a nadie. Y sin embargo, cada vez que anota, hace lo mismo que hacía cuando era un niño desconocido en Rosario: levanta los dedos al cielo. Y en sus momentos más grandes, se le ha visto…
