Durante casi dos décadas defendió este escudo con el alma. Hoy, Rafael Márquez recibe una nueva misión: dirigir a la Selección Mexicana. Ya hizo historia como jugador; ahora millones de mexicanos sueñan con verlo hacer historia desde el banquillo.
México ya demostró que tiene talento, corazón y una nueva generación capaz de competirle a cualquiera. Lo que se logró en este Mundial debe ser el inicio, no el final.
Ahora la meta es clara: construir un equipo más fuerte, más unido y más preparado para llegar al 2030 con una ilusión más grande que nunca.
