Cuando una tragedia golpea a un pueblo entero, las fronteras dejan de importar. Nosotros, desde México, sabemos lo que es ver la tierra moverse y descubrir que el verdadero rescate viene del de al lado. Por eso hoy miramos a Venezuela con el corazón en la mano.
Porque aunque la ayuda no ha llegado a muchos, su gente no se rinde. Siguen de pie, repartiendo lo poco que tienen, abriéndole la puerta al que lo perdió todo, convirtiendo el dolor en solidaridad. Eso no se enseña: eso se lleva en el alma de un pueblo.
Si puedes, haz una pausa de unos segundos y acompáñanos con una oración por cada familia que hoy vive uno de los momentos más difíciles de su vida.
Dios, hoy ponemos a Venezuela en tus manos. Por quienes buscan a sus seres queridos entre los escombros. Por las familias que esta noche dormirán a la intemperie. Por los rescatistas, médicos y voluntarios que ayudan sin esperar nada a cambio. Por los niños que no entienden lo que pasa y por los adultos que intentan ser fuertes con el corazón roto.
Señor, dales fuerza donde haya cansancio, esperanza donde haya desesperación y paz donde hoy solo existe dolor. Que aunque la ayuda tarde, nunca les falte la fe. Que Venezuela sepa que no está sola.
Amén.
