Durante años, Venezuela parecía el país donde todo se podía. Casas gratis, gasolina más barata que una botella de agua, comida subsidiada, bonos y becas. Para millones de personas era la prueba de que por fin alguien estaba pensando en el pueblo. Nadie leyó la letra chiquita. Porque una dictadura no empieza con tanques en la calle. Empieza con regalos. Que esta información le llegue a quien todavía cree que lo regalado sale gratis.
PRIMERO TE REGALAN
Y ojo, el regalo no es un error. Es el plan. Porque cuando tu casa, tu comida y tu dinero dependen de un funcionario, tú ya no eres ciudadano. Eres beneficiario. Y el beneficiario no reclama, agradece. Ya no votas por lo que crees. Votas por miedo a que te quiten lo que te dieron.
DESPUÉS CAMBIAN LAS REGLAS DEL JUEGO
Con ese apoyo se meten con lo único que de verdad importa. En 1999 cerraron el Congreso que el pueblo había elegido y escribieron una constitución nueva. En 2004 le metieron doce jueces más al tribunal más alto del país, escogidos por ellos. Doce, de un día para otro. Cerraron canales de televisión. Se quedaron con empresas ajenas. Y en 2015 el pueblo votó y la oposición ganó el parlamento. ¿Sabes qué hicieron? Armaron otra asamblea llena de gente suya y le quitaron el poder al parlamento que la gente había elegido. Lo dejaron de adorno.
CUANDO QUIERES RECLAMAR, YA NO HAY A QUIÉN
Ese es el momento en que ya no hay marcha atrás. El mismo que reparte los regalos nombra a los jueces, cuenta los votos y decide qué sale en las noticias. No es que la gente dejó de protestar. Es que protestar dejó de servir para algo.
Y AL FINAL NO ALCANZA PARA NADIE
Ningún país aguanta un modelo que solo gasta y no produce. A la moneda venezolana le quitaron ceros tres veces en trece años, porque ya no cabían en los billetes. El país que tiene más petróleo que cualquier otro en el mundo terminó con apagones, hospitales sin medicinas y sueldos que no aguantan ni una semana. Y más de ocho millones de venezolanos se tuvieron que ir. Casi uno de cada cuatro. Piensa en tu familia: uno de cada cuatro, afuera.
LO QUE HAY QUE APRENDER
El pueblo venezolano no tiene la culpa de esto. El pueblo es la víctima. Y por eso hay que decirlo claro y sin miedo: cuando un gobierno te ofrece cosas gratis a cambio de más poder, lo que te está cobrando no es plata. Te está cobrando la posibilidad de sacarlo algún día.
Las casas se caen. Los bonos se los come la inflación. La gasolina se acaba. Lo único que no se acaba, si lo cuidas, es tu derecho a reclamar, a decir lo que piensas y a que tu voto valga.
Entonces recuerda, cuando algo es gratis, es por que tú eres el producto.
