Ser policía municipal en México está de la chingada. Hay policías corruptos y hay que dennunciarlos. Pero también hay buenos policías que salen todos los días a protegernos por salarios bajos, pocas prestaciones y sabiendo que, si algo les pasa, su familia puede quedar desprotegida.
Debemos proteger a los que nos protegen, debemos cuidar a sus familias y debemos tratar con dignidad a quienes hacen bien su trabajo.
Estas son 3 cosas tristes de ser policía municipal en México.
UNO: MUCHOS NO GANAN UN SALARIO DIGNO
Un estudio de México Evalúa encontró que alrededor de 7 de cada 10 policías municipales ganaban menos de $16,688 netos al mes, la cantidad que el propio gobierno federal había establecido como referencia para que un policía y su familia pudieran llevar una vida digna.
Piénsalo: le pedimos que enfrente asaltos, violencia y situaciones en las que puede perder la vida, mientras muchos regresan a casa preocupados porque el dinero no alcanza.
DOS: MUCHOS NO TIENEN NI LAS PRESTACIONES QUE IMAGINAMOS
Menos del 70% contaba con todas las prestaciones básicas analizadas, como aguinaldo, vacaciones y prima vacacional.
La situación empeora con otras protecciones: el acceso efectivo a seguridad social estaba entre 19.3% y 52.5%, y apenas 7.6% tenía acceso a créditos para vivienda.
Son personas encargadas de proteger el patrimonio de los demás, mientras a muchos se les dificulta construir el suyo.
TRES: SI MUEREN, SU FAMILIA PUEDE QUEDAR DESPROTEGIDA
Este quizá sea el dato más triste: solo 51.6% contaba con seguro de vida.
Eso no significa que todas las demás familias necesariamente quedenn sin ningún apoyo, porque las prestaciones cambian dependiendo del municipio. Pero sí muestra una enorme desigualdad en la protección que reciben quienes realizan este trabajo.
Desde 2025, la ley establece protecciones más claras: los sistemas de seguridad social deben contemplar servicios médicos, pensiones, vivienda, protección por riesgos de trabajo y seguros para las familias o beneficiarios cuando un elemento fallece o queda incapacitado permanentemente cumpliendo sus funciones.
Ahora falta que esa protección se convierta en una realidad para todos.
Un uniforme no convierte automáticamente a alguien en héroe. Pero el policía honesto que hace bien su trabajo, respeta a la gente y está dispuesto a arriesgar su vida por una familia que ni siquiera conoce merece regresar a casa con dignidad.
Podemos dennunciar a los malos policías y, al mismo tiempo, cuidar a los buenos.
Porque si les pedimos que protejan a nuestras familias, lo mínimo que podemos hacer como país es asegurarnos de que las suyas también estén protegidas.
