Su madre se lo dijo muchas veces: "aléjate de esa persona, aléjate"… y hoy tuvo que ir a reconocer el cuerpo de su hijo.
Hay consejos que los jóvenes sienten como exageraciones. "No llegues tan tarde", "avísame cuando llegues", "no manejes si tomaste", "aléjate de esa persona". Creemos que son regaños… hasta que entendemos de dónde nacen.
Ninguna mamá quiere controlar tu vida. Lo único que quiere es que regreses a casa.
Porque el peor dolor para un padre o una madre no es una mala calificación, una discusión o un error. Es recibir una llamada que les cambie la vida para siempre.
Hoy, ella perdió a su hijo. Tú todavía estás a tiempo.
Dicen que las madres tienen un sexto sentido, y es verdad. Sienten cuando algo no está bien antes de que pase. Ese nudo en el pecho que no las deja dormir, esa insistencia que parece terquedad… muchas veces es Dios hablándoles al corazón para proteger lo que más aman.
No ignores esa voz. Cuando tu mamá te diga "cuídate", "no vayas", "aléjate de ahí", no lo tomes como un regaño. Tómalo como una oración hecha advertencia.
Hoy, abraza a tu madre. Llámala si vives lejos. Dile que la amas mientras todavía puedes escuchar su voz pedirte que regreses a casa.
Y tú, que aún tienes tiempo: pídele a Dios sabiduría para escuchar, y a tu madre, perdón por las veces que no lo hiciste.
Porque el amor de una madre es el reflejo más cercano del amor de Dios en la tierra. No lo des por sentado.
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