Dios tiene formas únicas de recordarnos que está entre nosotros, incluso en los momentos más difíciles.
Un rescatista decidió arriesgar su propia vida para hacer una oración con una persona que estaba atorada en los escombros.
En las imágenes se escucha que el hombre atrapado le dice que está volviendo a temblar y, preocupado por la vida del rescatista, le pide que se vaya para ponerse a salvo.
Pero el rescatista toma una decisión diferente. En lugar de abandonar el lugar, le pregunta si cree en Dios y lo invita a hacer una oración junto a él. Durante esos segundos, más que un rescatista, se convierte en una voz de calma, de esperanza y de fortaleza para alguien que estaba viviendo uno de los momentos más difíciles de su vida.
