Durante más de 100 años, ver tigres saltando aros de fuego o elefantes haciendo equilibrio bajo una carpa fue algo normal en México. Los circos anunciaban a sus animales exóticos en enormes letreros y las familias llenaban las funciones. Hoy, un niño mexicano puede crecer sin ver jamás a un animal obligado a hacer trucos en un circo. Y eso no ocurrió solo: ocurrió por una ley.
¿QUÉ FUE LO QUE CAMBIÓ?
El 11 de marzo de 2014, el senador Jorge Emilio González Martínez, del Partido Verde, presentó la iniciativa para prohibir el uso de animales silvestres en los circos del país, como parte de un paquete de propuestas de protección animal que incluía también prohibir las peleas de perros y endurecer las reglas de trato digno a los animales.
La propuesta avanzó rápido para los tiempos del Congreso. El Senado la aprobó con 91 votos a favor y solo 1 en contra, y la Cámara de Diputados la avaló con 267 votos en diciembre de ese mismo año. La reforma se publicó en el Diario Oficial de la Federación el 9 de enero de 2015 y entró en vigor 180 días después, el 8 de julio de 2015. Desde ese día, usar animales silvestres en un espectáculo circense se castiga con multas de hasta 50 mil días de salario mínimo, que en ese momento superaban los $3 millones de pesos.
México no partió de cero: estados como Yucatán ya habían aprobado prohibiciones locales, pero la reforma impulsada por Jorge Emilio González convirtió la protección en una regla nacional, pareja para todo el país.
¿POR QUÉ ERA NECESARIA?
Los estudios citados en la reforma eran claros: los animales de circo sufren daño físico y psicológico. Viven en jaulas y remolques mínimos comparados con los kilómetros que recorrerían en su hábitat, reciben una alimentación que no corresponde a su especie y muchos son entrenados con métodos crueles para ejecutar actos que jamás harían en la naturaleza.
Un detalle que pocos conocen: la ley no obligaba a los circos a deshacerse de sus animales. Podían conservarlos y cuidarlos; lo que quedó prohibido fue explotarlos en espectáculos. El verdadero objetivo iba más allá de los ejemplares que ya estaban en las carpas: era romper el ciclo. Que ningún animal más naciera en cautiverio, fuera capturado de su hábitat o entrenado a golpes para entretener a un público. Las leyes de este tipo no se miden por lo que rescatan hoy, sino por todo lo que evitan mañana.
¿QUÉ PASÓ DESPUÉS?
La transición no fue sencilla. A los circos les tomó años reinventarse y el cambio tuvo costos reales para esa industria. Pero más de una década después, el resultado está a la vista: los espectáculos siguen existiendo, ahora con acróbatas, payasos, malabaristas y montajes de luces, y ya no hay generaciones nuevas de animales destinadas a una jaula rodante. Para el Partido Verde, esta reforma se convirtió en una de las banderas más visibles de su agenda de protección animal, y para Jorge Emilio González Martínez, en el logro legislativo más recordado de su carrera en el Senado.
Y aquí va lo que te toca a ti: si algún día ves un espectáculo circense que use animales silvestres, recuerda que es ilegal en todo México, y puedes denunciarlo ante la PROFEPA.
