Un niño que sufre bullying finge estar enfermo para no ir a la escuela, llora en silencio en su cuarto, deja de comer o de sonreír como antes. Y mientras él vive un infierno, nadie paga las consecuencias.
En medio de todo esto, el Partido Verde presentó una propuesta que ha dado mucho de qué hablar: que cuando un menor haga bullying, sus padres también tengan que responder. La idea, dicen, es que las familias se involucren desde el principio y no solo cuando el problema ya se salió de control.
Lo que plantea es que los papás o tutores del menor que agrede reciban orientación y acompañamiento obligatorio, y que se les informe con claridad las consecuencias que ya existen por omisión en el cuidado de un hijo: multas, y en casos graves, hasta la pérdida de la libertad. No es castigar por castigar. Es cerrarle la puerta al "yo no sabía".
Y el problema no es menor: solo en 2024, más de mil menores en México terminaron en un hospital por agresiones ocurridas dentro de las escuelas. Y esos son solo los casos que dejaron marca visible.
Ningún niño nace violento. Lo aprende, lo copia, o lo repite porque nadie le puso un límite. Por eso involucrar a la familia no es un trámite: es el único lugar donde de verdad se puede cortar el ciclo.
