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3 cosas de Julián Quiñones que todo mexicano debe saber

📅 30 de junio de 2026  ·  ⏱ 2 min de lectura
3 cosas de Julián Quiñones que todo mexicano debe saber

Antes de convertirse en una estrella en México, Julián Quiñones tuvo una vida difícil. Antes de ser un héroe mexicano, tuvo una infancia dura en Colombia. Y antes de meter goles en el Mundial, vivió una niñez que lo convirtió en el guerrero que es hoy.

Colombianos y mexicanos somos pueblos hermanos… y hoy, tenemos un hijo en común. 🇲🇽🇨🇴

  • 1. Su fuerza nació en casa, con las mujeres que lo criaron

Julián creció en Magüí Payán, un pueblo del sur de Colombia. Su papá no estuvo, así que fueron tres mujeres las que lo formaron: su mamá, sus hermanas y su abuela, a quien él quiere y honra como si fuera su padre. De niño jugaba descalzo en la calle, feliz con lo poco que había. Esa humildad, ese amor de familia, es la misma que millones conocemos en ambos países, y es la raíz del hombre que hoy admiramos.

  • 2. Colombia le dio las alas… y México lo vio volar

Colombia lo vio nacer, dar sus primeros pasos y descubrir su talento. México lo recibió con 17 años y lo vio crecer, hacerse hombre y formar su familia. Aquí encontró un hogar, y aquí decidió echar raíces. Julián nunca renegó de dónde viene: honra su tierra colombiana y abraza a México con el corazón. Es la prueba viva de que dos banderas pueden caber en un mismo pecho.

  • 3. Está dejando el alma por México en el Mundial

Hoy Julián carga con orgullo la camiseta del Tri en la Copa del Mundo, y lo hace como juega siempre: con hambre, con corazón y sin guardarse nada. Cada balón que pelea, cada carrera que rompe, cada gol que celebra, los vive como si en ellos se le fuera la vida. Porque para él, vestir esta playera no es un trabajo… es una forma de agradecerle a la tierra que lo abrazó. Y esa entrega, ese guerrero que lo da todo, es lo que está haciendo historia y llenando de orgullo a dos países a la vez.

De un niño humilde con un sueño enorme… a motivo de orgullo para dos naciones. Julián Quiñones nos recuerda que colombianos y mexicanos somos hermanos, y que el talento y el corazón no necesitan pasaporte.

Colombia lo vio nacer. México lo vio brillar. Y los dos lo queremos.