Cuando era niño y no tenían ni para zapatos de fútbol, Cristiano le hizo una promesa a su mamá: "Algún día te compraré una casa."
Años después, no le compró una casa. Le compró una mansión en Madeira, Portugal: varios niveles, piscina con vista al mar, gimnasio, elevador y terrazas donde Doña Dolores puede ver el océano cada mañana.
Valuada en millones de euros, pero para él no tiene precio. Es su forma de decirle: "Todo lo que sacrificaste por mí, valió la pena."
