Ganar tu propio dinero, no querer tener hijos, está muy bien. Pero también está bien querer ser mamá, querer cuidar una familia. Lo que está muy mal es enojarte con las mujeres que sí quieren una vida tradicional. No puedes juzgar a todos los hombres por cómo te fue a ti con un hombre, o con tu papá. Sí, hay hombres malos, pero también hay mujeres malas, y eso no nos da derecho a generalizar. Aquí lo importante es que dejemos de pelear. Somos mujeres, punto.
Ni la independiente está perdida, ni la tradicional está atrapada. Las dos eligieron. Y eso es lo que importa.
La que se levanta a las 6 de la mañana para ir a su oficina y la que se levanta a las 6 para preparar el desayuno de sus hijos, las dos se están esforzando. Las dos están cansadas a veces. Las dos tienen días buenos y días difíciles. Ninguna la tiene más fácil que la otra.
A la mujer independiente: nadie te va a obligar a ser mamá si tú no quieres. Tu camino es válido.
A la mujer tradicional: nadie te tiene que dar permiso para querer una familia. Tu camino también es válido.
El problema nunca fue elegir diferente. El problema es creer que tu elección es la única correcta y atacar a la que eligió distinto.
Ser libre no es elegir un solo camino. Es poder elegir el tuyo sin que nadie te ataque por eso.
Somos mujeres. Punto.
