Padre Celestial, en el poderoso nombre de Jesús, pongo mi vida en Tus manos.
Declaro que toda maldición —hablada, oculta o generacional— se rompe en este momento.
Todo plan del enemigo contra mi vida, mi familia, mi trabajo y mi paz queda expuesto, cancelado y destruido.
Ningún arma forjada contra mí prosperará. Mi vida no será gobernada por el miedo, sino por Tu dirección, Tu protección y Tu favor.
Cubre mi hogar con la sangre de Jesús. Amén.
