Tu suegra no es tu amiga, y mucho menos tu confidente. El día que haya un problema en tu relación, ella va a defender a su hijo o a su hija con los ojos cerrados… no a ti. Por eso hay tres cosas que nunca, pero nunca, debes hacer por tu suegra. Toma nota.
- 1. No arruines tu único día libre por ir a visitarla.
Si tu única tarde de descanso se convierte en obligación, te vas a terminar cansando… de ella y hasta de tu pareja. Las visitas deben ser por gusto, no por presión ni por chantaje. Ir cada domingo porque "se ofende si no van" no es cariño, es cumplir una condena. Ve cuando quieras ir, no cuando te toque por miedo al reclamo.
- 2. Nunca la invites a vivir con ustedes.
Una cosa es convivir un rato… otra muy distinta es sobrevivir todos los días. Tener a tu suegra dentro de casa es perder tres cosas al mismo tiempo: privacidad, paz y autoridad. De repente ya no mandas en tu propio hogar, ya hay quien opina de todo y a toda hora. Y acuérdate: tu pareja puede cambiar contigo… pero su mamá, jamás va a cambiar por ti.
- 3. Nunca construyas en un terreno de tus suegros.
Ni aunque te juren que es "para ustedes", que "es de la familia", que "nunca va a pasar nada". Ese terreno no está a tu nombre, y punto. El día que haya un pleito, te pueden correr de la casa que tú mismo levantaste con tu dinero y tu esfuerzo. Lo que construyas, constrúyelo en lo tuyo. Lo demás, por escrito y a tu nombre, o mejor ni le entres.
No se trata de odiar a tu suegra ni de pelear con ella. Se trata de ser inteligente y de protegerte. Quiérela, respétala, trátala bien… pero nunca bajes la guardia ni le entregues lo que tanto te costó. Al final, tu paz y lo tuyo se cuidan solos, porque nadie más lo va a hacer por ti.
