Cabo Verde se despidió del Mundial con la frente en alto. Todos pensaban que Argentina los iba a golear, pero ocurrió todo lo contrario: pelearon cada balón, resistieron hasta el final y obligaron a una de las grandes favoritas a sufrir.
Su portero fue el alma del equipo. Atajada tras atajada mantuvo con vida a su selección y se ganó el respeto de millones de personas. En las gradas, su mamá vivió el partido con el corazón en la mano: celebró cada atajada, lloró en los momentos más difíciles y terminó aplaudiendo orgullosa a su hijo.
A veces los héroes no son los que levantan la copa. También son los que lo entregan todo, hacen creer a un país entero y se marchan dejando una historia que nadie va a olvidar.
