¿Por qué tantos adultos mayores siguen trabajando cuando deberían estar disfrutando su jubilación?

Hay abuelitos que comenzaron a trabajar desde niños y hoy, con más de 70 años, siguen trabajando porque no se “ganaron” una pensión. No porque no hayan trabajado, sino porque nunca cotizaron.

Pero hay otra parte de esta historia que casi nadie menciona: si millones de personas trabajan toda su vida sin cotizar, ¿de dónde saldrá el dinero para sus pensiones y servicios médicos cuando envejezcan?

EL PROBLEMA DE MÉXICO

En México, durante el segundo trimestre de 2026, más de la mitad de las personas ocupadas, el 55.1%, trabajaba en la informalidad.

Estamos hablando de comerciantes, trabajadores del campo, empleados de pequeños negocios y muchas personas que se ganan la vida todos los días, pero no tienen las prestaciones de un empleo formal.

Algunos trabajan por su cuenta. Otros tienen patrones que nunca los registraron ante el Seguro Social.

Y aquí está el problema: trabajar durante 40 o 50 años no significa automáticamente que tendrás una pensión cuando envejezcas.

Para recibir una pensión contributiva necesitas cumplir ciertos requisitos, entre ellos haber cotizado.

¿Y QUIÉN PAGA LAS PENSIONES?

México tiene diferentes sistemas. Algunas pensiones se financian con aportaciones de trabajadores y empleadores, otras dependen de cuentas individuales de ahorro y otras requieren recursos del gobierno.

Por ejemplo, la Pensión para el Bienestar entrega 6,400 pesos cada dos meses a los adultos mayores de 65 años que cumplen sus requisitos, hayan cotizado o no.

Ese dinero proviene de recursos públicos, es decir, de los impuestos que ayudan a financiar el país.

Y aunque una persona que trabaja informalmente también puede pagar impuestos al consumir productos y servicios, generalmente no realiza las mismas aportaciones a la seguridad social que un trabajador formal.

PERO VIENE UN PROBLEMA TODAVÍA MÁS GRANDE.

Los mexicanos estamos viviendo más años y teniendo menos hijos.

En 2018, el promedio estimado era de 2.07 hijos por mujer. Para 2023 había bajado a 1.60.

Esto significa que, con el paso del tiempo, habrá proporcionalmente más adultos mayores y menos personas en edad de trabajar.

Y si seguimos teniendo tanta informalidad, financiar las pensiones y los servicios de salud será cada vez más complicado.

Los jóvenes de hoy podrían enfrentar mayores presiones económicas por decisiones y problemas que vienen acumulándose desde hace décadas.

¿ENTONCES DE QUIÉN ES LA RESPONSABILIDAD?

No podemos culpar solamente a los abuelitos que trabajaron sin cotizar. Muchos nunca tuvieron la oportunidad de conseguir un empleo formal.

Pero tampoco podemos ignorar que un sistema donde millones trabajan sin aportar regularmente a la seguridad social enfrenta problemas de financiamiento.

Necesitamos más empleos formales, mejores salarios, empresas que cumplan sus obligaciones y un sistema de pensiones que pueda sostenerse durante generaciones.

Porque nuestros adultos mayores merecen una vejez digna.

Pero los jóvenes también merecen trabajar, formar una familia y llegar a viejos sin tener que cargar con un sistema que no puede sostenerse.

¿Cómo podemos asegurar pensiones dignas sin dejarles una carga imposible a las próximas generaciones?