En El Salvador, el que mata, viola o es pandillero ya no sale de la cárcel. Nunca. Ni aunque sea menor.
Antes el máximo eran 60 años, y con buena conducta salían antes. Desde marzo de 2026 ya no: el Congreso cambió la Constitución para permitir la cadena perpetua, con 59 votos de 60.
En abril Bukele firmó la parte que más discusión ha dado: la pena de por vida también aplica a menores desde los 12 años. Cumplen en cárceles separadas de los adultos hasta ser mayores de edad, y de ahí siguen.
La lógica del gobierno es simple: las pandillas reclutaban niños porque sabían que a esa edad casi no había castigo. Ahora lo hay.
Los críticos dicen que un niño de 12 años todavía puede cambiar, y que la guerra contra las pandillas lleva más de 90 mil detenidos, de los cuales el propio gobierno ha soltado a más de 7 mil porque eran inocentes.
Lo que nadie discute: El Salvador cerró 2025 con la tasa de homicidios más baja de todo el continente.
¿Deberíamos hacer lo mismo?
