Llegaron como cualquier mañana, con su uniforme, su mochila y listos para entrar a clases.
Pero en la puerta los estaba esperando la directora.
Uno traía piercing en la nariz. Otro, en la lengua. Otro, el cabello pintado de rojo.
Y la orden fue clara: “Así no entran. Regrésense a su casa y vuelvan como se debe.”
Algunos intentaron explicar. Otros se enojaron. Pero ninguno pasó.
Y cuando los papás reclamaron, la respuesta fue todavía más fuerte:
“Al colegio se va a estudiar. Y si no quieren estudiar, que no vayan.”
Ahí explotó la polémica.
Unos la defienden: dicen que por fin alguien pone orden, que la escuela no es pasarela y que si en un trabajo te piden presentación, en la escuela también.
Otros dicen que se pasó: que un arete o un tinte no le quitan lo inteligente a nadie y que regresarlos a su casa es quitarles un día de clases por algo que no tiene nada que ver con aprender.
Y la pregunta queda en el aire:
Si un alumno saca buenas calificaciones y respeta a sus maestros…
¿Está bien que no lo dejen entrar a la escuela solo por un piercing o por su cabello pintado?
¿Tú qué opinas?
Nota informativa y de opinión. La historia y la frase atribuida a la directora circulan en redes y no han sido confirmadas de forma oficial.
