Mientras muchos llegan a su graduación acompañados de su familia, Imer decidió compartir ese momento con quien nunca lo dejó solo en el camino: Tormento, el caballo que durante años lo llevó todos los días a la escuela, cruzando barro, lluvia e inundaciones.
Para algunos era solo un caballo. Para él, era un amigo, un compañero y una de las razones por las que nunca dejó de luchar por su sueño de estudiar.
Qué bonito sería si aprendiéramos a mirar a los animales con el mismo amor y respeto con el que ellos nos entregan su lealtad. Porque también sienten, también acompañan y, muchas veces, cambian vidas sin pedir nada a cambio.
Dicen que Dios se manifiesta de muchas formas. A veces, lo hace a través de las personas… y otras, a través de un corazón noble con cuatro patas.
