Estamos tan acostumbrados a asumir que en la gasolinera nos van a dar de menos, que muchas veces nos conformamos con ir a la que creemos que "nos quita menos". Por eso, me propuse hacer algo que pocos hacen: salir a la calle con una jarra patrón en mano y auditar personalmente dónde nos están dando litros de verdad.
La investigación me tomó tres días en Tijuana y los resultados me dejaron helada.
Para este ejercicio utilicé una jarra patrón calibrada de 20 litros, con un margen de tolerancia normativo de 100 mililitros. Visité 15 estaciones de distintas marcas y la primera sorpresa me la llevé antes de servir la primera gota: 11 gasolineras se negaron a hacer la prueba. Me dieron todo tipo de excusas: que no tenían permitido recibir la jarra, que el gerente no estaba, que era ilegal o que el recipiente no era el correcto.
De las 4 que sí aceptaron el reto, 2 arrojaron faltantes de más de 200 mililitros (casi el doble del límite permitido) y una más registró un faltante de 94 mililitros, rozando el límite de la pérdida aceptable. La única que salió casi perfecta fue Rendichicas, con un margen de variación de apenas 27 mililitros.
Pero no me quedé solo con la prueba técnica. Quise llevar la auditoría al terreno de quienes mejor conocen las calles: los transportistas. Consulté a 22 conductores de Uber, en una pregunta totalmente abierta y sin opciones predeterminadas. El resultado fue contundente: 14 de ellos eligieron a Rendichicas, 5 prefirieron Chevron y el resto se dividió entre marcas individuales.
Tras tres días de recorrido y datos en mano, entendí algo fundamental: la mejor gasolinera para cargar no es la que te queda de paso al trabajo, sino esa a la que van los choferes que viven al volante. Al final, no se trata de resignarnos a perder, sino de premiar a las marcas que eligen trabajar con honestidad y respeto al cliente.
Adriana González | Periodista especializada en investigación y actualidad
