Hoy las selecciones llegan al Mundial en avión, tienen hoteles de lujo y campos de entrenamiento perfectos. Pero en el primer Mundial de la historia algunos jugadores tuvieron que pasar 16 días cruzando el océano en barco y entrenar en la cubierta para no perder la condición.
Era 1930 y nunca se había jugado una Copa del Mundo.
Uruguay había sido elegido para organizarla, pero había un pequeño problema: llegar hasta allá desde Europa era una verdadera aventura.
Los vuelos comerciales como los conocemos hoy todavía no existían y el viaje era tan largo y costoso que la mayoría de las selecciones europeas decidió no participar.
Al final solamente fueron 4: Francia, Bélgica, Rumania y Yugoslavia.
Tres de ellas viajaron juntas en un enorme barco llamado Conte Verde. Durante el recorrido también subió la selección de Brasil.
El viaje hasta Montevideo duró 16 días y los futbolistas tenían que encontrar la manera de mantenerse en forma.
Así que entrenaban arriba del barco.
Corrían y hacían ejercicios sobre las cubiertas mientras atravesaban el Atlántico.
Pero entre todos los pasajeros había uno especialmente importante: Jules Rimet, presidente de la FIFA y uno de los principales impulsores de aquella primera Copa del Mundo.
Y junto con él viajaba algo que hoy sería transportado bajo enormes medidas de seguridad: el primer trofeo del Mundial.
Rimet simplemente lo llevaba entre su equipaje.
Y cuando finalmente llegaron a Uruguay, todavía había otro problema.
El estadio más importante del torneo no estaba terminado.
Las fuertes lluvias habían retrasado la construcción del Estadio Centenario y los primeros partidos tuvieron que disputarse en otros estadios de Montevideo.
El Mundial comenzó el 13 de julio de 1930 con solamente 13 selecciones.
Y México estuvo ahí.
De hecho, México jugó contra Francia en uno de los primeros 2 partidos en la historia de los Mundiales.
Perdió 4-1 y el francés Lucien Laurent marcó contra México el primer gol de una Copa del Mundo.
Pero lo verdaderamente increíble ocurrió cuando llegó la final.
Uruguay y Argentina eran las 2 grandes potencias sudamericanas del momento y la rivalidad era enorme.
Tan enorme que ni siquiera pudieron ponerse de acuerdo sobre qué balón utilizar.
Argentina quería jugar con el suyo.
Uruguay quería jugar con el suyo.
¿La solución?
Un balón para cada tiempo.
Durante la primera mitad utilizaron el argentino y Argentina se fue al descanso ganando 2-1.
En la segunda utilizaron el uruguayo.
Y Uruguay terminó remontando para ganar 4-2 y convertirse en el primer campeón del mundo de la historia.
El último gol además lo hizo uno de los personajes más increíbles de aquel Mundial.
Héctor Castro había perdido parte del brazo derecho en un accidente con una sierra eléctrica cuando tenía 13 años.
Eso no impidió que se convirtiera en futbolista profesional, llegara a representar a Uruguay y terminara marcando el gol que cerró la primera final de un Mundial.
Y todavía hay otra historia de aquella final que parece inventada, pero está documentada por la propia FIFA.
Luis Monti, una de las figuras de Argentina, había recibido amenazas de muerte antes del partido.
El ambiente era tan complicado que el hotel argentino tuvo protección policial las 24 horas.
Y el árbitro de la final, el belga John Langenus, tenía preparada una ruta para salir rápidamente de Uruguay en barco después del encuentro.
Todo esto ocurrió en el mismo torneo que hoy vemos rodeado de estadios gigantes, tecnología, aviones, patrocinadores y jugadores que valen cientos de millones de dólares.
La primera Copa del Mundo fue mucho más pequeña.
Participaron solamente 13 países, todos los partidos se jugaron en una sola ciudad y algunas selecciones tuvieron que atravesar un océano durante semanas simplemente para poder llegar.
Y de aquella aventura en Uruguay nació el torneo que, casi 100 años después, se convirtió en el evento deportivo más importante del planeta.
