Desde hace más de 500 años, en México se cree que los que se van regresan como colibríes.
Los mexicas pensaban que los guerreros que morían en batalla acompañaban al sol durante 4 años. Después volvían a la tierra convertidos en colibríes y mariposas, para andar entre las flores.
No era cualquier pájaro. Huitzilopochtli, el dios protector de Tenochtitlan, llevaba al colibrí en su nombre.
Y el colibrí es el único pájaro que puede volar hacia atrás. Como quien se va, pero siempre encuentra la forma de regresar.
Con los siglos, la creencia cambió, pero no se apagó. Hoy, cuando un colibrí se queda un momento frente a nosotros, muchos sienten que es su mamá, su abuelo, ese hijo o esa amiga que ya no está, que vino a decirnos “aquí sigo”.
Por eso llenamos de flores el altar para que encuentren el camino de regreso.
La muerte se lleva a las personas, pero no se lleva lo que nos dejaron: su risa, sus consejos, su forma de querernos. Eso se queda.
La próxima vez que un colibrí se acerque a ti, no lo espantes. Quédate en silencio, salúdalo y piensa en quien extrañas.
Tal vez solo vino a ver cómo estás.
