Hay niños que callan lo que les pasa en el salón porque sienten que nadie les va a creer. Y hay maestros a los que una mentira les cuesta su trabajo y su nombre. Lo primero pasa mucho más que lo segundo, pero los dos merecen protección. Por eso, la diputada Araceli Geraldo de Tijuana propone cámaras en todos los salones.
Hoy, cuando algo pasa dentro de un salón, casi siempre es la palabra de un niño contra la de un adulto. Y así, muchas veces nadie gana: el niño que dijo la verdad se queda sin justicia, y el maestro inocente se queda con la sospecha encima para siempre.
Una cámara no toma partido. Si un niño dice que lo golpearon, que lo tocaron o que lo humillan frente a todos, hay cómo comprobarlo. Si a un maestro lo acusan de algo que no hizo, también.
Y no es lo único. En los salones también hay bullying entre compañeros, peleas y maestros agredidos por alumnos o por papás. Hoy casi todo eso se queda en “él dijo, ella dijo”.
Los papás dejan a sus hijos en la escuela confiando en que van a estar bien. Los maestros entran cada día a cuidar a decenas de niños que no son suyos. Los dos merecen saber que, si pasa algo, la verdad no se va a perder.
Hay quien piensa que una cámara invade la privacidad de los niños o que hace que los maestros den clase con miedo. Otros dicen que el que no hace nada malo no tiene nada que esconder.
¿Tú la quieres en el salón de tus hijos?
