Millones de mascarillas terminaron en el fondo del mar

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Tan solo vamos a mitad del año y el COVID-19 sigue arrasando. Con 6 millones y medio de contagiados en el mundo, algunos países han reactivado su economía, siguiendo las medidas de distancia e higiene y haciendo obligatorio el uso de cubrebocas y guantes de látex en espacios públicos.

Pero el uso de estos artículos desechables está pasando cuentas en donde menos lo esperábamos: Nuestros ríos y océanos.

Hace unos días, la organización francesa Operation Mer Propre Sea (Operación mar limpio) se llevó una triste sorpresa al descubrir en el fondo del mar Mediterráneo cientos de cubre bocas desechables y guantes de látex enterrados en la arena, así como botellas de gel antibacterial y latas de cerveza.

Al parecer las personas que los utilizan se han deshecho de ellos de forma irresponsable, solo lanzándolos a la calle; esto hace que el viento y la lluvia los arrastren a los ríos o a las playas, e inevitablemente lleguen al fondo del mar, donde serán comidos por peces.

Desafortunadamente, una mascarilla desechable tarda aproximadamente 400 años en desintegrarse por completo, y los guantes de látex, tardan más de 500. Un verdadero golpe para el medio ambiente.

Los científicos están preocupados ya que las playas están reabriendo en algunas partes. Además, el virus se queda por días en estos artículos, esparciéndose por donde vuele o se quede si no se desecha propiamente; los contagios podrían aumentar por esta sencilla razón.

La mejor manera de no hacer tanta basura es comprar o fabricar mascarillas de tela con un filtro que podamos lavar, y desinfectar los guantes de látex para reutilizarlos lo más posible. Además, de desecharlos correctamente. Lo ideal es guardarlos dentro de una bolsa o recipiente pequeño antes de arrojarlos al cesto de basura, para que no entren en contacto con el resto de los desechos, así el virus no podrá esparcirse.

Recuerda que si ayudas al medio ambiente te ayudas a ti mismo.