Mientras millones de mexicanos decidieron no salir por miedo, hubo quienes no tuvieron esa opción.
Ellos salieron cuando todos querían resguardarse.
Salieron sabiendo que podían no regresar igual.
Salieron para enfrentar a los violentos, para contener el caos, para que nosotros pudiéramos volver pronto a nuestra vida normal.
Varios fueron heridos.
Y aun así, no retrocedieron.
Un guardia nacional.
Un soldado.
Un policía.
Tres uniformes distintos, pero el mismo compromiso: proteger a quienes ni siquiera conocen.
En esa imagen no hay política.
Hay cansancio.
Hay dolor.
Hay heridas.
Pero también hay algo más fuerte que el miedo: lealtad.
Porque cuando uno cae, los otros no lo dejan atrás.
Así funciona el deber.
Así funciona el honor.
Hoy millones pudieron quedarse en casa gracias a que miles salieron a enfrentar lo que otros no quieren ver.
Detrás de cada uniforme hay una familia esperando.
Detrás de cada herida hay un acto de valentía.
Que nunca olvidemos que la tranquilidad que sentimos en casa, muchas veces, se sostiene sobre el sacrificio silencioso de otros.
Hoy más que nunca: respeto, gratitud y unidad.
