• Mié. Abr 2nd, 2025

OpenAI tiene un arma secreta para romper su alianza con Microsoft

La relación entre OpenAI y Microsoft, que parecía sólida tras la inversión de más de 13 mil millones de dólares por parte de la gigante tecnológica, atraviesa un momento de tensión, según un informe reciente de The New York Times. A pesar de los importantes avances en inteligencia artificial generativa que ambas compañías han logrado en conjunto, los últimos tiempos han estado marcados por desacuerdos internos que podrían poner en peligro su asociación.

Una de las principales quejas de OpenAI radica en la insuficiencia del poder de cómputo proporcionado por Microsoft, esencial para el desarrollo y mejora continua de sus modelos de lenguaje. Esto ha generado fricciones, ya que OpenAI depende en gran medida de la infraestructura de Azure, el servicio en la nube de Microsoft. Aunque Microsoft ha accedido parcialmente a permitir que OpenAI busque poder de cómputo en otros proveedores, las diferencias continúan profundizándose.

Otra fuente de tensión es la reciente contratación de Mustafa Suleyman por parte de Microsoft, un cofundador de DeepMind que ahora dirige su división de inteligencia artificial avanzada. Suleyman, un personaje controvertido, ha sido acusado de maltratar a un empleado de OpenAI durante una videoconferencia, lo que exacerbó el malestar entre las partes.

A pesar de estos problemas, la relación no parece romperse de inmediato, ya que Microsoft participó recientemente en una ronda de financiamiento de 6.600 millones de dólares para OpenAI. Sin embargo, hay una cláusula en el contrato que podría cambiar radicalmente esta alianza. Si OpenAI logra desarrollar una inteligencia artificial general (AGI), una tecnología teóricamente capaz de igualar la inteligencia humana, Microsoft perdería el acceso a sus innovaciones. Lo que hace esta cláusula aún más delicada es que la decisión de si OpenAI ha alcanzado la AGI o no recae exclusivamente en la propia OpenAI, lo que abre la puerta a posibles maniobras contractuales en el futuro.

Esta situación ilustra las complejidades de las alianzas en el campo de la tecnología de punta, donde las ambiciones y las necesidades tecnológicas de las compañías pueden entrar en conflicto, poniendo en riesgo incluso las relaciones más lucrativas.