Durante años, el nombre de Nemesio Oseguera Cervantes estuvo en titulares, corridos y conversaciones que parecían agrandar su figura más de lo que realmente era.
Pero México nunca fue un solo hombre.
Nunca fue un solo grupo.
Y mucho menos una sola historia de violencia.
Hoy el país sigue de pie.
Porque mientras algunos intentaron imponer miedo, millones de mexicanos se levantaron temprano a trabajar, a emprender, a estudiar, a abrir negocios, a construir familia.
El ruido fue fuerte, sí.
Pero el país siempre fue más grande que el ruido.
Los narcos no nos representan.
Representan una etapa oscura que muchos quieren superar.
México es más que eso: industria creciendo, turismo rompiendo récords, talento joven innovando, empresarios invirtiendo, comunidades reconstruyéndose.
Se habló mucho del poder del crimen.
Pero el verdadero poder siempre estuvo en la gente que no dejó de avanzar.
Las carreteras siguen llenas.
Las universidades siguen graduando.
Las ciudades siguen creciendo.
Las familias siguen soñando.
México no se define por quien intentó dañarlo,
sino por quienes lo sostienen todos los días.
Ya pasó lo peor.
Y el país sigue.
