
Cuando Luca nació en Perth hace dos años, sus padres, Laura Currie y Dante Vendittelli, no imaginaban el giro que daría su vida. El diagnóstico de fibrosis quística para su hijo no solo trajo desafíos médicos, sino también un obstáculo inesperado: la política migratoria de Australia.
Laura y Dante habían vivido en Australia durante ocho años, contribuyendo a la sociedad como maestra de guardería y pintor-decorador, respectivamente. Sin embargo, cuando solicitaron la residencia permanente, se encontraron con un rechazo basado en el costo estimado de los cuidados médicos de Luca, que se calculó en 1,8 millones de dólares australianos. Según la ley australiana, cualquier solicitante cuyo tratamiento supere los 86,000 dólares en diez años no es elegible para la residencia.

Australia se ha promocionado como una nación de inmigrantes, con un tercio de su población nacida en el extranjero. Sin embargo, sus estrictas políticas de inmigración, especialmente para aquellos con discapacidades o enfermedades graves, cuentan una historia diferente.
El gobierno australiano defiende estas restricciones como necesarias para controlar el gasto público y asegurar el acceso a la sanidad para sus ciudadanos. Aunque los visados técnicamente no se rechazan, tampoco se conceden fácilmente. Algunos solicitantes pueden apelar la decisión, la verdad que lejos de ser una solución se vuelve en un proceso largo y costoso.

Los activistas critican esta política por ser discriminatoria y anticuada.
Historias como la de Laura y Dante no son aisladas. Claire Day, una oficial de policía británica, enfrenta un problema similar al intentar emigrar con su hija Darcy, quien tiene síndrome de Down. A pesar de tener ofertas de trabajo en las fuerzas policiales de Queensland y Australia Meridional, Claire teme que la discapacidad de Darcy impida su visado, a pesar de que Darcy está sana y activa.

La trabajadora social Shizleen Aishath también vivió esta discriminación. Su hijo Kayban, diagnosticado con hemofilia tras una emergencia médica al nacer, inicialmente fue rechazado para un visado, aunque la familia tiene seguro médico privado. Solo tras una larga apelación, a Kayban se le permitió quedarse.

Estas políticas afectan a muchas familias y subrayan una contradicción en la identidad australiana: mientras se presenta como un país inclusivo y multicultural, sus leyes de inmigración a menudo cuentan una historia diferente. Actualmente estas políticas están en revisión y podría ser un paso hacia un cambio necesario, pero por ahora, muchas familias continúan luchando por su derecho a permanecer en el país que consideran su hogar.