Numerosos malestares son provocados por el estrés, como dolores de cabeza, acidez, cambios de humor y presión arterial alta. Sin embargo, también pueden ser síntomas de enfermedades más graves, y en ocasiones, hasta mortales. A pesar de esto, muchos médicos continúan restándoles importancia.
Científicos han descubierto que el estrés está estrechamente vinculado a muchas enfermedades crónicas, ya que puede causar cambios inmunológicos e inflamatorios que agravan afecciones como el asma, cardiopatías, artritis, lupus y enfermedades inflamatorias intestinales. Sin embargo, aún es difícil determinar si los síntomas son causados solo por el estrés o por algo más grave.
Según Charles Hattemer, de la Universidad de Cincinnati, el estrés activa la respuesta de lucha o huida, aumentando la presión arterial, la frecuencia cardíaca y la tensión muscular, además de liberar azúcar en la sangre para una reacción rápida. El estrés prolongado puede causar falta de memoria, fatiga e insomnio, y hormonas como la adrenalina y el cortisol pueden elevar crónicamente la presión arterial y obstruir las arterias, dañando terriblemente el corazón.
Para aquellos que ya corren el riesgo de sufrir enfermedades crónicas, ya sea debido a factores genéticos, exposición a productos químicos, contaminación del aire o infecciones virales, un periodo prolongado de estrés puede detonar el inicio de una enfermedad crónica.
A menudo, los médicos no reconocen lo difícil que es manejar el estrés cuando los pacientes se sienten mal. De hecho, muchos médicos no están capacitados para abordar el estrés ni asesorar a los pacientes sobre su impacto. Un estudio de 2015 mostró que solo el 3% de las visitas médicas incluían consejos sobre la gestión del estrés. Incluso, diversos pacientes han sugerido que en lugar de eliminar el estrés, los médicos deberían trabajar con ellos en pequeñas formas de manejarlo cada día.