¿Sabías que dar pecho puede doler tanto como una herida abierta?
Pezones agrietados, inflamados, sangrando…
Y aun así, ella lo hace, todos los días, a todas horas.
Dar pecho no es solo “alimentar”.
Es entregar el cuerpo, la energía, el tiempo y el alma.
Es amamantar con fiebre, con dolor, sin dormir, sin quejarse.
La succión puede ser tan fuerte que la piel se rompe.
El bebé no avisa cuándo tiene hambre. Solo llora.
Y ella deja todo, aunque esté agotada, para volver a pegarlo a su pecho.
A veces tiene leche, pero duele.
A veces no tiene leche… y se siente culpable.
Porque el mundo le enseñó que si no puede dar pecho, no es suficiente.
Y cuando lo logra, cuando lo hace bien…
tampoco la aplauden.
Porque lo “normal” no se agradece.
Porque “eso hacen todas”.
Pero nadie ve lo que cuesta.
Nadie ve cómo se muerde los labios para no llorar.
Cómo siente que se deshace en el proceso.
La lactancia es una entrega silenciosa.
Una lucha que sangra.
Una conexión que exige… y no perdona.
Y aun así, aunque le duela, aunque se le caigan las lágrimas…
ella sigue.
Porque ser madre es dar incluso cuando ya no queda nada que dar.
Y porque para ella, cada gota vale la pena.
Si supieras todo lo que ella soportó en silencio,
la abrazarías más fuerte.
Y nunca volverías a decir:
“solo está dando pecho”.
Este contenido tiene fines educativos y busca generar empatía y conciencia sobre el proceso de la lactancia.
